Ella salvó a su hijo del aborto
y él la salvó de la muerte
Cuando la primera ecografía dejó que, en la 12ª semana
de embarazo, todos oyeran con intensa emoción el corazoncito de Lucas latir, el
médico de repente cambió de expresión. Era el año 2011. Después de que la
primera hija, María Isabela, de 3 años, fuera amablemente acompañada para
afuera del consultorio para que el médico pudiera hablar con más tranquilidad
con la nutricionista Simone Marquesine y su esposo, la alegría por el nuevo
embarazo empezó a convivir con algo que Simone describió así en la página
provida “Sempre
Família”:
“Parecía que había perdido el piso. Una tristeza
profunda embargó mi corazón y todo parecía una mentira”.
El examen mostraba que el bebé tenía una malformación.
La calota craneal no se había cerrado. El diagnóstico era de encefalocele
occipital, agenesia renal, espina bífida y microcefalia. El obstetra que hizo
la evaluación le dijo a Simone que, en 30 años de medicina, solo había visto un
caso semejante antes – y el primer bebé no había sobrevivido.
Durant las siguientes semanas, mucha gente le
preguntaba a la familia lo que harían. “Para
nosotros no había ninguna duda. Siempre decíamos que Dios nos había dado a
Lucas y solamente él nos lo quitaría. ¡Imagínate! Yo ya había oído latir su
corazoncito y, aunque no lo tuviera, no tendríamos el valor de abortar”.
La pareja acordó con el médico llevar el embarazo
hasta la 38ª semana, cuando el pulmón del bebé estuviera listo para la
cesárea. Después del nacimiento se estudiaría una cirugía
neurológica.
En la espera, que parecía eterna, Simone se cimentó en
la fe y en el apoyo de los amigos y familia. Las oraciones de su comunidad la
consolaban y acompañaban: “Además de los
parientes, hermanos, amigos, sabía que Jesús estaría con nosotros hasta el
final”.
Las muchas incertezas, sin embargo, estaban siempre a
la sombra. La pareja consultó a la neuropediatra y genetista e hizo nuevos
exámenes. “Fueron nueve meses en que pude amar y
luchar por ‘Luquitas’. A veces estaba angustiada, oyendo que él sería
incompatible con la vida, pero le pedía a Dios que hiciera lo mejor para él.
Claro, oí a algunas personas decir que era mejor abortar, pero no hice caso.
Jamás haría eso”.
Lucas retribuyó: llegó la vez de él de salvar a su
madre.
Entre la 35ª y la 36ª semana de embarazo, unos dolores
intensos e hinchazón en la pierna de Simone la llevaron al médico vascular,
cuyo diagnóstico generó más susto: ella tenía una trombosis y fue internada
inmediatamente para aplicarle un anticoagulante. Los coágulos estaban cerca de
la ingle y uno de ellos, de gran extensión, estaba en una arteria cercana al
corazón.
En ese contexto angustiante, una sorpresa dejó a
Simone con escalofríos: “[El médico] me dijo con estas
palabras: ‘Tu bebé te salvó, pues el embarazo hizo presión e impidió que el
coágulo se desplazara. En la etapa en que estás, podría ser fatal
en cualquier momento'”.
Lo que el médico vascular no sabía era que Lucas tenía
una malformación y que mucha gente le había “recomendado” a Simone abortar.
La cesárea sería de alto riesgo a causa de una posible
hemorragia, lo que obligó a Simone a hacer un tratamiento de 20 días durante
los cuales no se podría levantar de la cama para evitar un desplazamiento del
coágulo. Fueron días de terrible dolor no solamente físico, sino principalmente
emocional: ¿cuánto tiempo su hijito estaría con ella? “Durante esos días, le agradecí mucho a Lucas por
salvarme y también le dije cuánto lo amaba, incluso sin verlo”.
Y nació Luquitas, para estar 26 minutos en este mundo.
El 12 de mayo, víspera del Día de las Madres, Lucas nació con 1,8 kg para estar
con su familia durante inolvidables 26 minutos. “No logré verlo pues, como el médico había previsto,
tuve mucha hemorragia y me quedé en Terapia Intensiva durante cuatro días. Mi
madre, mi suegra, una amiga y mi esposo dijeron que él era hermoso y perfecto;
que visiblemente no parecía con ninguna malformación”.
En la UCI, Simone daba fuerzas a otra madre, que había
perdido a su hija. “Sólo podía ser Dios mismo quien me
estuviera sosteniendo en ese momento”.
Dos días después, el marido y algunos familiares y
amigos enterraron al pequeño gran Lucas. “Con
mucho dolor tampoco no pude participar de ese momento, pues estaba haciendo una
transfusión de sangre. Me quedé muy débil a causa de la hemorragia”.
Simone pasó 30 días en el hospital hasta poder volver
a casa. “Terminé el permiso de maternidad, tomé
medicina para secar la leche, hice tratamiento para la trombosis, todo con
mucho esfuerzo, pero con la mayor certeza en mi corazón: hice lo correcto.
Quién diría que, siete años después, contaría esa historia, cerca de la misma
fecha, el Día de las Madres. Me emociono como si fuera hoy y me siento muy
honrada porque Dios me escogió para vivir esa historia”.
.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario