Miércoles 7 de diciembre 2022
Superar el cansancio.
Evangelio según san Mateo 11, 28-30.
En aquel tiempo, Jesús exclamó: Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.
INVITADOS A REFLEXIONAR
Muchos seres humanos son unos desconocidos para sí mismos. Saben de ciencias, de técnicas, de historia, conocen idiomas, se mueven como peces en el agua en el mundo de los negocios, pero apenas saben manejarse como personas libres y responsables. Nos encontramos tan inmersos en antojos, penas y sinsabores, que olvidamos mirar hacia nuestro interior para descubrir la inmensa riqueza que Dios ha depositado en nuestras vidas.
El yo auténtico no debe buscar solamente satisfacciones, triunfos y éxitos, sino las cualidades hermosas de la libertad, la verdad, la alegría, la paz, la creatividad, la cooperación, el entusiasmo, el humor, la fe y la solidaridad. Es necesaria la reflexión y el reconocimiento interior para saber quiénes somos y adónde vamos. Es preciso despertar, alzar la vista, buscar los grandes valores de una vida con sentido.
El sufrimiento forma parte esencial de la vida humana. Las situaciones problemáticas nos agobian en nuestro diario quehacer. Cada día observamos deficiencias en nuestra salud, en nuestras finanzas, en nuestras relaciones sociales. Por ello, sentimos que el desánimo se apodera de la mente y bloquea el corazón. Necesitamos acudir a quien de verdad puede aliviar las tristezas y devolvernos la alegría de vivir.
El Evangelio de hoy da respuesta a nuestros inquietantes interrogantes. Sólo Cristo puede proporcionarnos el alivio que tanto necesitamos para gozar plenamente de la aventura humana.
Si vives en los dominios de la oscuridad, recuerda que Cristo es la luz.
Si tienes hambre insaciable de felicidad, recuerda que Cristo es Pan de vida.
Si has perdido el rumbo de tu ruta, recuerda que Cristo es el Camino.
Si andas extraviado en los laberintos de la mentira, recuerda que Cristo es la Verdad.
Si te debates en la dolorosa ausencia de compañía, recuerda que Cristo es tu Amigo.
Si el fracaso va marcando tu existencia, recuerda que Cristo se mantiene a tu lado.
Si nada logra levantar tu ánimo decaído, recuerda que Cristo es tu Consuelo.
Si te arrastras agobiado por el cansancio, recuerda que Cristo es tu descanso.
Si crees que tu yugo es excesivamente pesado, recuerda que Cristo carga con él.
Si no sabes a dónde vas y temes por tu futuro, recuerda que Cristo te espera.
La decisión de ir a Cristo es nuestra. El nos ha señalado el camino y nos va mostrando, día a día, los resortes de su misericordia para que sintamos el consuelo que necesitamos para seguir adelante. El alivio que nos da Cristo es duradero y llega a lo más profundo de nuestro ser.
Seguir a Cristo no significa renunciar a una vida feliz; muy al contrario, la mejor dicha la podemos experimentar cuando seguimos al Maestro. Basta observar la vida de los santos para darnos cuenta que, aún en medio de sufrimientos incontables, jamás perdieron la estela de la felicidad.
La oferta de Cristo aparece como una sabia lección de autoayuda. Dios ha puesto en nuestras vidas las semillas de la salud integral, la del cuerpo, la de los sentimientos y la del espíritu. (P. Gregorio Mateu)


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