La Juventud de mi vejez
P. Gregorio Mateu
Estoy en la edad en que la vida no es más un proyecto. He vivido más de lo que me falta. Los años han pasado y las huellas dejadas en el espacio físico de mi cuerpo y de mi alma, son tangibles y reales. Hoy tengo que hacer un esfuerzo mayor para lucir mejor.
La
esclavitud de arreglarme el pelo y cuidar mi cara, me recuerdan constantemente
que mis lágrimas y mis risas no han sido en vano, que cada cana y cada arruga
tienen su historia. He vivido mucho, he reído mucho y he llorado mucho.
Sin embargo, a pesar de esto, considero que el gran cambio que los años
aportaron a mi vida se ha producido en mi alma. Los años me enseñaron a
priorizar, a conciliar con el amor, a agradecer el regalo de la amistad y a
afianzar mi espiritualidad.
Hoy confieso que un beso de mis familiares, la sonrisa de mis aamigos, o
una celebración familiar, producen más luces en mi vida, que la más
deslumbrante constelación de estrellas. Los años que han pasado también me han
demostrado, que mis amigos y mis amigas han sido seres de luz que han
iluminado mi camino en algún momento y en algún lugar, sin importar el tiempo y
la distancia. Que mi fe se ha vuelto persistente y tolerante. He asumido
la responsabilidad de mi espiritualidad, sin fanatismo, ni obsesiones. Mi fe me
ha ayudado a aceptar lo que no puedo entender, ni cambiar, y a fortalecer
mi tolerancia hacia las creencias de los demás.
Los años han pasado y la realidad de mi vida ha ido cambiando.
Aunque mi cuerpo físico esté envejeciendo, mi alma se está rejuveneciendo, y
hoy me siento más joven, que cuando era joven. No temo a la vida y mi época de
inseguridades y de correr tras la vida ya pasó. He caminado lo suficiente para
entender, que no puedo vivir de apariencias, porque si lo hago, dejo de vivir
lo que es esencial para mi alma.
Después de tantos años, entendí que el amor verdadero es real, que su presencia
en mi vida ha sido el producto de todo el amor y las virtudes emanadas por
quienes han pasado por mi vida, dándome todo lo mejor que podían y lo que
tenían. También comprendí, que no debo más que sentir agradecimiento por
haber tenido el privilegio de que mis amigos/as me eligieran como una
acompañante del alma, en su ruta por la vida.
Por ultimo, vivo mi realidad día a día, entendiendo que es tiempo de asumir las
experiencias y que no importa lo que pase con mi cuerpo físico, las
circunstancias actuales de mi vida están centradas en lo que pase con la
juventud de mi alma.
Al morir, nada material te llevas. El tiempo es el tesoro más valioso que
tenemos porque es limitado. Podemos producir más dinero, pero no más tiempo...
Cuando le dedicamos tiempo a una persona, le estamos entregando una porción de
nuestra vida que nunca podremos recuperar, nuestro tiempo es nuestra vida. El
mejor regalo que le puedes dar a alguien es tu tiempo y siempre se lo regalas a
la familia o a un buen amigo. Que Dios te colme de bendiciones.
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