Busca paz en tu vida
P. Gregorio Mateu
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Sé dócil a la voluntad de Dios, que es perfecta. Yo sé que no es fácil, ¿quién puede comprenderla? A mí me cuesta. Y a menudo la cuestiono. Creo que a través del Amor tendríamos algunas respuestas. Si amamos su santa voluntad y lo amamos a Él, algo en nosotros cambiará y podremos comprender un poquito más.
Vivir en la dulce presencia de Dios. ¿Hay algo más
valioso? La presencia amorosa de Dios te da paz, serenidad. Te ayuda a
comprender sus designios, a ver un poco más allá de nuestras limitaciones.
Cuando tengo grandes aflicciones recuerdo aquellas
palabras que una religiosa le dijo a santa Teresa: “Nuestro Dios es el Dios
de la Paz”.Por tanto, si no tienes paz, acércate a Dios.
Si lees cuidadosamente la santa Biblia encontrarás
que al buen Dios también se le llama: “El Dios de Paz” “Todo cuanto
habéis aprendido y recibido y oído y visto en mí, ponedlo por obra y
el Dios de la paz estará con vosotros” (Filipenses 4, 9).
Y el mismo Jesús es proclamado Príncipe de Paz. “Porque
una criatura nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Estará el señorío sobre su
hombro, y se llamará su nombre «Maravilla de Consejero», «Dios Fuerte»,
«Siempre Padre», «Príncipe de Paz»” (Isaías 9, 6).
Si buscas paz en tu vida, ya sabes dónde puedes encontrar un oasis de paz en
el desierto de la vida. Allí, en la dulce presencia de Dios, podrás saciar ese
anhelo.
Muchas veces me emociono cuando escribo de
Dios. De pronto experimentas una gran paz y una
alegría sobrenatural. Sabes que es Él. Tienes esa certeza. Dios que
pasa y todo lo transforma. Te llama: “hijo(a)”.
Él Nos dio la vida, nos protege, nos ama, y al
final del camino nos espera ilusionado en el Paraíso. A veces reflexiono. Y me pregunto qué soy. Mi
conclusión siempre es la misma. Un tonto aspirando a la santidad. Rezo poco. Me
equivoco mucho. Y caigo con facilidad.
¿Cómo ser santo en estas pobres condiciones? Tal vez no lo consiga por mis propios
méritos, que casi no tengo, sino por la gracia de Dios. Puede que me dé la
gracia que necesito para persistir, tener ese anhelo de pasar tiempo de calidad
en su presencia amorosa, y que crezca en mí la necesidad de orar con más
frecuencia. Mientras, seguiré buscándolo, amándolo. Por lo pronto sabemos que nuestro Dios es un Dios de Paz y que si
buscas paz en tu vida, sabes dónde encontrarla.

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