MENSAJE DE AMOR Y DE PAZ
P. Gregorio Mateu
La circulación global e instantánea de la información nos lleva a ser hoy más conscientes de cuánto sufrimiento hay en el mundo y de cuántos problemas afronta la humanidad. Vale resaltarlos para buscar soluciones justas y acertadas.
La pobreza de multitud de personas que viven en la
miseria o que no conocen otra cosa que sufrimiento y explotación. La todavía
más profunda pobreza de no conocer a Cristo que, según la madre Teresa de
Calcuta, es "la primera pobreza de los pueblos" y de la que no se
libra ningún rincón de la tierra.
Las injusticias, la crisis moral y las "estructuras de pecado" que
pueden parecer inevitables e imposibles de erradicar del mundo complejo en que
vivimos. La agresión a la vida desde la concepción a su fin natural. La crisis
de la familia, insustituible célula básica de una sociedad sana y próspera.
El relativismo cultural y moral que hace perder el
sentido de la búsqueda y de la existencia de la verdad. La desequilibrada y
miope relación con la naturaleza, a veces explotada en modo salvaje, a veces
"idolatrada" y paradójicamente objeto de una atención mayor que la
reservada al ser humano.
Un desarrollo científico y tecnológico que puede ir adelante, a toda costa y en
cualquier dirección posible, sin plantearse de ningún modo el problema de que
la ética del comportamiento humano debiera en cambio imponer límites.
Los que mueren mártires en muchos lugares del mundo
por testimoniar y llevar a Cristo.
La agresividad, la hostilidad y la censura que a veces se reservan al Papa y a
la Iglesia en el anuncio del mensaje de verdad y amor del Evangelio.
La crisis económica que ha golpeado a países enteros y parece quitar horizontes de esperanza a tantísimas personas. Frente a todo esto, nosotros como cristianos ¿cómo nos situamos?
Que haya persecuciones, problemas, sufrimientos e injusticias es muy triste y toca profundamente a nuestra sensibilidad humana. Cada época de la historia de la humanidad ha tenido que afrontar y superar sus graves problemas. ¡A nosotros nos toca afrontar los de hoy!
Estamos convencidos de que lo que hace falta hoy es ¡un gran mensaje de esperanza. Un mensaje en el que todos los hombres puedan sentirse unidos en la gran lucha que no es la de hermano contra hermano, sino la de todos y cada uno contra el mal. Es el mensaje que no se cansan de anunciar multitud de hombres y mujeres de buena voluntad en todo el mundo. El gran mensaje de esperanza es el mismo Cristo!
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