27 abril 2023

EVANGELIOS 27 Y 28 ABRUL- P. GREGORIO

Jueves 27 de Abril 2023

3ª Semana de Pasa


Creer para ser.

Evangelio según San Juan 6, 44-51: Dijo Jesús a la gente: «Nadie puede venir a mí si no lo atrael Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito por los profetas:

”Serán todos discípulos de Dios”. Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre.

Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja el cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo».

 

INVITADOS A REFLEXIONAR

 

“El que cree tiene vida eterna”. Es cierto que todos deseamos más, y más, y más… El   es un ser siempre insatisfecho. Busca en todos los enclaves del mundo y de sí mismo los frutos de la felicidad. Unos salen de esta búsqueda apasionada con un fardo enorme de decepciones, mientras otros se sienten a gusto consigo mismos y disfrutan agradablemente de lo que les brinda la vida.

Ha sido siempre así. Las sonrisas y las lágrimas forman parte del bagaje humano que todo ser racional lleva en su mente y corazón. La felicidad no es un final de trayecto, sino que se encuentra en cada recodo del  camino existencial. No vale soñar en una felicidad futura, sino que hay que saber disfrutar a plenitud de los sorbos de felicidad presente que podemos degustar momento a momento.

Hay que sembrar las semillas de la fe en nuestros inquietos corazones. Y no solamente me refiero a una fe teológica, sobrenatural, sino a la confianza que podemos sentir hacia nosotros mismos y hacia los que nos rodean. No vale caminar a oscuras, pensando   rodeados de enemigos.

-Quiero creer que hay gente buena que me quiere.

-Quiero creer en las personas que cuidan mi vida.

-Quiero creer en los maestros que me enseñan a vivir.

-Quiero creer en los sacerdotes que me llevan hacia Dios.

-Quiero creer en mis padres que me dieron la vida,

-Quiero creer en mis hermanos que comparten mi existencia.

-Quiero creer en mi país, en mis raíces, en mi identidad.

-Quiero creer en mis amigos que llenan mis soledades.

-Quiero creer en mis posibilidades de triunfo.

-Quiero creer en mis cualidades y valores.

-Quiero creer que mi vida tiene sentido.

-Quiero creer que hay alguien que confía en mí.

-Quiero creer en un más allá, repleto de venturas inacabables.

-Quiero creer que, por encima de todo, Dios me ama.

El maná del desierto era símbolo de otro maná que hoy podemos disfrutar los creyentes: la ucaristía. Lo humano me lleva a lo divino. La tierra me conduce al cielo. Por la sombra, descubro que el sol brilla.

El ejercicio de la fe es la puerta necesaria que me permite entrar a las regiones del milagro permanente. La vivo todos los días: La fe en los hombres y mujeres que me rodean, me conduce por los luminosos vericuetos de una fraternidad feliz. La fe en Dios creador me lleva a

gozar de los ardores de una felicidad que ni la muerte puede matar. P. Gregorio Mateu

 

 

3ª Semana de Pascua

Pan bajado del cielo.

 

Evangelio según San Juan 6, 30-35

Dijo la gente a Jesús: «¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Les dio a comer

pan del cielo”». Jesús les replicó: «Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo». Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de este pan».

Jesús les contestó: «Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed».

 

INVITADOS A REFLEXIONAR

 

La sed insaciable de felicidad se encuentra en los recovecos más profundos del ser humano.

¿Quién puede llenar los deseos de dicha que experimentamos a diario en nuestra trayectoria existencial? ¿Es posible saciar el hambre de felicidad que sentimos dentro?

La confusión más espantosa invade las mentes de los jóvenes que buscan caminos para transitar por el mundo. Es grande la turbación de los mayores a la hora de ofrecer alternativas de dicha a los que buscan apasionadamente razones para vivir. No bastan ya las palabras, sobran las promesas; es preciso encontrar testigos válidos de un mundo coherente y de unos valores significativos.

Le pedían a Jesús pruebas de su autoridad, razones de su magisterio. No habían sabido detectar los signos de su poder. Se habían mostrado ciegos ante las pruebas de su magisterio.

Su talante, sus palabras, su estilo de vida, sus milagros, sus silencios, sus actitudes, toda su trayectoria vital era una prueba irrefutable. Pero, no hay peor ciego que el que no quiere ver.

La esposa de Pilatos, el centurión romano, Dimas, el ladrón crucificado con El, supieron abrir los ojos y adivinar quién era Jesús. Tenían más sensibilidad espiritual que los oficialmente buenos: los escribas, los sacerdotes, los propios discípulos...

El Pan bajado del cielo tiene nombre, Jesús de Nazareth.

El Pan bajado del cielo está entre nosotros en la Eucaristía.

El Pan bajado del cielo sigue alimentando a cada ser humano.

El Pan bajado del cielo se ofrece en la Santa Misa.

El Pan bajado del cielo nos espera a todas horas en el Sagrario.

El Pan bajado del cielo nos da fuerza para llevar nuestra cruz.

El Pan bajado del cielo sigue germinando en las manos pecadoras del sacerdote.

El Pan bajado del cielo merece adoradores santos.

El Pan bajado del cielo es huésped de nuestras vidas.

El Pan bajado del cielo es fuerza en nuestra miseria.

El Pan bajado del cielo es el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

El Pan bajado del cielo es motivo de adoración permanente.

El Pan bajado del cielo es preludio de eternidad feliz.

 

No nos entretengamos en símbolos hermosos, en recuerdos nostálgicos o en evocaciones

emotivas. Cristo está real y verdaderamente presente en la Eucaristía. Satisface plenamente

nuestras ansias de infinito y nos da fuerza para seguir adelante aunque sea en medio de Dificultades y contratiempos.

¡Te adoramos, te bendecimos y te damos gracias Señor Sacramentado! P. Gregorio Mateu

 

 

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