18 abril 2022

EVANGELIOS DEL 19 AL 23 DE ABRIL

 


 

Martes de Pascua

19  de Abril de 2022

Evangelio: Juan 20,11-18: ("He visto al Señor") En aquel tiempo, fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. Ellos le preguntan: "Mujer, ¿por qué lloras?" Ella les contesta: "Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto." Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dice: "Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?" Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: "Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré." Jesús le dice: "¡María!" Ella se vuelve y le dice: "¡Rabboni!", que significa: "¡Maestro!" Jesús le dice: "Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: "Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro."" María Magdalena fue y anunció a los discípulos: "He visto al Señor y ha dicho esto."

INVITACION A PENSAR

Llama la atención el diálogo sugerente de María con los dos ángeles que estaban en el sepulcro. Buscaban el cuerpo de un muerto y se encuentran con la vida. Los ángeles preguntan el porqué de las lágrimas. La realidad es que a un sepulcro no se va a reír, ni a hacer fiesta. Era lógico que recordaran al amigo entrañable, al hombre bueno, que se les había ido.

Surge la queja amarga: “Se han llevado a mi Señor”. El había sufrido mucho con la pasión, había casi agotado su capacidad de sufrimiento con la crucifixión. Y ahora, a la buena mujer,  ya ni le quedaba el consuelo de darle una sepultura digna. Todo un precioso sueño se había esfumado. Ya no oiría palabras de consuelo, ya no tendría al Maestro que le señalara rutas luminosas de salvación.

Y, de repente, oye  otra pregunta llena de sentido: ¿A quién buscas? Busca un cuerpo muerto. Quiere encontrar los restos del que la había resucitado a una vida nueva. Desea venerar los restos del que la había amado sin egoísmos, despertando en ella las mejores resonancias de bondad y de vida. Deseaba venerar, recordar, llorar, estar cerca y dar rienda suelta a su corazón agradecido. Pero, desgraciadamente,  la tumba estaba vacía.

De repente,  se produce el milagro. Oye lo que más deseaba escuchar: “María”. Era Jesús mismo quien hablaba. El sepulcro ya no olía a muerte. Ya había salido el sol. Explotaban de golpe mil primaveras.  Nada estaba perdido. Triunfaba plenamente el milagro sugerente de la VIDA.

Era preciso correr, gritar, anunciar, proclamar. Nada ni nadie lograría detener a María Magdalena. “He visto al Señor”… Es el grito que necesitamos repetir ahora mismo.  (P. Gregorio Mateu) 

Miércoles  Pascua

20 de Abril de 2022

Evangelio: Lucas 24,13-35. ("Lo reconocieron al partir el pan") Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo: "¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?" Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó: "¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?" Él les preguntó: "¿Qué?" Ellos le contestaron: "Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; como lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace ya dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron." Entonces Jesús les dijo: "¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?" Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura. Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo: "Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída." Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció. Ellos comentaron: "¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?" Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: "Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón." Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

INVITACION A PENSAR

De alguna manera todos hemos sentido la decepción de observar como las cosas no suceden como habíamos previsto o, mejor, como hubiéramos deseado. Se han frustrado muchas esperanzas. No hemos conseguido la paz que necesitábamos para llevar una vida feliz. Ha cambiado el mundo, nos han decepcionado los presupuestos de una sociedad que nos prometía una felicidad inacabable y nos encontramos con un largo rosario de frustraciones que nos tienen a la deriva.

Eso mismo les pasaba a los apóstoles que viajaban hacia Emaus. Llevaban consigo una inmensa decepción. Habían confiado en un Jesús triunfador. Ansiaban formar parte del ejército de privilegiados que iban a acompañar al Mesías glorificado. El todo se había convertido en nada. El trono de gloria se había transformado en la cruz levantada con sabor a fracaso en lo alto del Calvario.  La corona de gloria se veía trucada por una dolorosa corona de espinas.

Los designios de Dios eran y siguen siendo distintos a las cábalas que solemos hacer los humanos. Cristo nos da una alegría más honda, una esperanza mayor, un amor más limpio.  La victoria de Cristo es una victoria humilde, humana. No oprime a nadie, sino que levanta, acoge, libera… La tiranía cruel del pecado solamente puede vencerse con la dulzura de la gracia.

En la resurrección no hay venganza. Jesús quiere que seamos amigos. No vence por la fuerza, sino por el amor. Parece paradójico, increíble, pero es verdad. Dios humilde se manifiesta en Cristo resucitado. Dios humano se expresa en Cristo dando vida a la naturaleza frágil de la criatura. Cristo resucitado nos ofrece la energía necesaria para que podamos levantarnos, ayudar a cuantos se encuentran decaídos, vencer el poder del maligno con la sencillez diáfana de la verdad.

Necesitamos también hoy abrir los ojos, ver a Cristo resucitado, entender el milagro del Pan partido, disfrutar plenamente de la “visita” del Dios glorioso que nos llama a una vida nueva.

“Quédate con nosotros, Señor, que la tarde está cayendo”. Llegará la noche de la decepción, seguirán las tormentas de la vida, pero nosotros seguiremos contigo desafiando las triquiñuelas del maligno. Tu victoria será  una realidad en nuestras vidas.  (P. Gregorio Mateu)

Jueves de Pascua

21 de Abril de 2022

Evangelio: Lucas 24,35-48. ("Así estaba escrito: el Mesías padecerá y resucitará de entre los muertos al tercer día") En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice: "Paz a vosotros." Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. Él les dijo: "¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo." Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: "¿Tenéis ahí algo de comer?" Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: "Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse." Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió: "Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto."

INVITACION A PENSAR

¿Quién iba a decirlo?  La Resurrección Pascual es una realidad nueva, original. Va más allá de un volver a la vida para seguir la rutina de cada día. Ahora ya Cristo no volverá a envejecer, ni volverá a morir. Pero seguirá siendo humano, estando presente, cambiando vidas y transformando corazones. Nos atenderá, nos cuidará, nos salvará humana y divinamente. Seguirá estando con nosotros y podremos contemplarlo diariamente con los ojos del alma.

Con la resurrección llega el triunfo definitivo de la juventud, no la cronológica, sino la del corazón. El Espíritu Santo es joven y rejuvenece.  Esa juventud significa fuerza, alegría, vitalidad,  ilusión, superación, cambio renovación… La vieja noche se ha ido y ha amanecido un nuevo día. La gracia ha sido, es y será siempre más joven que el pecado.

El fuego de la Vigilia de Pascua ha quemado cansancios, desencantos, frustraciones caídas, miedos, apegos, egoísmos. Es la gran victoria, el triunfo definitivo. Ya no necesitamos apoyos materiales, sobran bastones y muletas, no se precisan ya premios y prebendas. Lo tenemos todo: Cristo ha vencido la muerte y nos dispensa gratuitamente raudales de vida.

El amor puede seguir venciendo el dolor y la tristeza. Desde que Cristo ha muerto en la cruz, el dolor ya no nos duele tanto. Desde que Cristo ha vencido la muerte, nos gusta mucho más la vida. Desde que Cristo ha resucitado, ha desaparecido la noche de nuestra alma.

Las puertas de la liberación están abiertas.  El gran libertador nos ha ganado para su causa. Hemos abandonado los sepulcros y nos hemos convertido en pregoneros de la verdadera libertad. Ya nada ni nadie puede detener el río de la vida, el mar de la gracia, el océano inmenso de la felicidad.

Dios nos ha amado con locura. Ha desbordado amor a raudales en todos los enclaves de nuestro mundo. Seria indigno de nosotros que no respondiéramos a tanta generosidad con todo nuestro amor. Pidamos a Dios que nos dé capacidad suficiente para ofrecer amor solidario, amor de entrega sin recompensa, amor desprendido de toda forma de egoísmo.

En Cristo Resucitado, modelo de vida y amor, reside la plenitud de la felicidad que tanto ansiamos y que, a la vez, queremos repartir. (P. Gregorio Mateu)

 

                                                                22 de Abril de 2022

Evangelio: Juan 21,1-14: ("Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado")  En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón Pedro les dice: "Me voy a pescar." Ellos contestan: "Vamos también nosotros contigo." Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dice: "Muchachos, ¿tenéis pescado?" Ellos contestaron: "No." Él les dice: "Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis." La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: "Es el Señor." Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice: "Traed de los peces que acabáis de coger." Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: "Vamos, almorzad." Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos.

INVITACION A PENSAR

Los apóstoles fueron a pescar. Tenían que hacer algo para no perderse en pensamientos pesimistas. Se sentían solos. Las ilusiones que habían almacenado en la mente y el corazón a lo largo de tres años, se encontraban ahora en la oscuridad del fracaso. Iban a hacer lo que conocían y sabían: pescar. Así pasaron la noche, trabajando, buscando, intentando llenar las redes de buen pescado. Y el resultado después de horas de trabajo había sido nulo. No habían pescado nada. Después de navegar de fracaso en fracaso, se sentían abrumados por la decepción.

Y cuando menos lo esperan, aparece Jesús. Al principio no le conocen. Está en la orilla y comienza a hablar preguntando: ¿Qué tenéis para comer? No tenían nada. El trabajo de la noche no había obtenido ningún resultado. Lo que sucedió después es muy sugerente: Cambian la estrategia, logran una pesca abundante y se inicia una profunda transformación en sus corazones. Algo muy importante comenzaba a suceder en el grupo de seguidores de Jesús.

Es verdad: ha resucitado. Y mantiene su poder y su fuerza de convicción. Se inicia una nueva etapa en la comunidad de los creyentes. Ahora saben perfectamente que nada ni nadie les puede vencer. Ahora, sí, sabían que Jesús era el SEÑOR.

Jesús aparece también hoy en nuestras vidas y nos hace preguntas significativas: ¿Estamos preparados para dar testimonio de que Cristo vive? ¿Hemos experimentado en nuestras vidas la fuerza de su poder liberador? ¿Estamos preparados para ser testigos ante el mundo de su presencia salvadora?

La Pascua se manifiesta en cada rosa, en cada niño que nace, en cada perdón, en cada sueño. La fe es un regalo y una conquista. Seamos pregoneros de esperanza y sembradores de semillas de resurrección.

La Pascua está aquí, dentro de nosotros, superando dudas y dificultades, anunciando ya la venida del Espíritu Santo. Poseemos la flor del paraíso: ha sido vencida la muerte y renace con fuerza la primavera de un mundo mejor.               (P. Gregorio Mateu)

 

23 de Abril de 2022

Evangelio: Marcos 16,9-15: ("Id al mundo entero y proclamad el Evangelio")  Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando. Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron. Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando a una finca. También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron. Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo: "Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación."

INVITACION A PENSAR

Cristo resucitado es el protagonista, no nosotros. Él es el que salva, libera, unifica. Es el centro de cada comunidad, de cada familia, de cada corazón. Si no está El en el centro, no hay más que oscuridad, tinieblas, confusión.

Los discípulos estaban sin aliento, confundidos. No creían que lo que algunos decían fuera verdad. Jesús les calma, les mira con inmenso cariño y, con palabras reconfortantes, les anuncia la misión que van a cumplir.

No les deja en un paraíso artificial de venturas, sino que le infunde una fuerza expansiva de amor y misericordia para que se lancen a una sugerente aventura de generosidad.  Les envía a que vayan lejos, anuncien un mensaje nuevo, digan con su vida y sus palabras que Dios actúa en la vida de los que le abren el corazón.

Ahora saben que tienen que dar testimonio de la resurrección. No pueden quedarse quietos, seguros, tranquilos. Tienen que espabilarse, actuar, dar testimonio de lo que han visto y oído.

Ahora son portadores de la buena noticia y tienen que comunicarla. Los pobres, los desheredados, los marginados, los oprimidos esperan su liberación. Es preciso ir a ellos y darles la mano y el corazón.

Ahora ha llegado el momento de decir que la justicia, la solidaridad, el perdón y la misericordia inundan mentes y corazones. Es preciso que los responsables de las naciones, que los grandes de la tierra aprendan y practiquen los nuevos valores del Evangelio.

Ahora advertimos con claridad que Cristo resucitado nos ha prometido el Don maravilloso del Espíritu que renovará y transformará vidas, comunidades, mentes, corazones, instituciones, estados…

Ahora nos damos cuenta que estamos todavía vivos, capacitados para vencer al maligno con la fuerza imparable del amor de Dios. Hay que aprovechar el momento. Es nuestra hora. (P. Gregorio Mateu)

 

 

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