FEBRERO 4, 202
Viernes después de Ceniza
Evangelio según san Mateo 9, 14-15: En aquel tiempo, se acercaron los discípulos de Juan a Jesús, preguntándole: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan? Jesús les dijo: ¿Es que pueden guardar luto los invitados a la boda, mientras el novio está con ellos? Llegará un día en que se lleven al novio, y entonces ayunarán.
IINVITADOS A REFLEXIONAR
La alegría de estar con Cristo aleja de nosotros todo forma externa de tristeza y laceración. Es preciso marcar el acento en lo positivo antes que en lo negativo.
Resulta peligroso confundir los medios con los fines. Cuando convertimos los medios en fines, dejamos los fines en el terreno de lo anecdótico.
En la vida necesitamos tener bien claros los ‘porqués” antes de aplicar los “cómos”... “Quién tiene un gran por qué, se hace capaz de soportar cualquier cómo”. (Nietzche)
El ayuno manifiesta un deseo de conversión. Pero, hay que ir mucho más allá del rito externo, para llegar al cambio interior.
No puede entenderse el ayuno externo sin el perfume de la caridad. Ofrezco mi ayuno a Dios para mejor solidarizarme con el ser humano.
Los planos son un medio para, luego, edificar la obra. Los contemplamos, los estudiamos para construir el edificio. Pero, no vivimos en ellos, ni les rendimos culto.
Las formas religiosas, los preceptos legales, los cumplimientos externos carecen de sentido si no responden a la vivencia interior.
Los discípulos estaban con el maestro. Le escuchaban, aprenden, seguían sus enseñanzas, imitaban sus obras y estaban dispuestos a dar su vida por Él.
Prestaban muy poca importancia a nimiedades legales cuando está con ellos el Legislador supremo, el modelo ejemplar de fidelidad.
¿Qué importancia puede tener tomar o dejar de tomar un alimento en un dia concreto, cuando han encontrado la luz que guía sus pasos por caminos seguros y el alimento que les satisface plenamente?
La Cuaresma no es meta, sino camino hacia la Pascua. La penitencia no es el fin, sino la estrategia para dominar nuestras pasiones y unirnos a Dios.
P. Gregorio Mateu
MARZO 5, 2022
Sábado después de Ceniza.
Evangelio según san Lucas 5, 27-32: En aquel tiempo, Jesús vio a un publicano llamado Levi, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: Sígueme. Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Le ofreció en su honor un gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros. Los fariseos y los escribas dijeron a sus discípulos, criticándolo: ¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores? Jesús replicó: No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan.
INVITADOS A REFLEXIONAR
La mirada de Jesús es penetrante, acogedora, sugerente. No se limita a pasar por encima de las personas. Lleva dentro en mensaje de salvación.
Jesús no pasa de largo, rozando apenas el vestido; entra en cada corazón, dejando huellas de bondad y sugiriendo rutas de felicidad.
No le importa el prestigio, ni las miserias, ni la solvencia económica, ni los quebrantos morales... La interesa la identidad del ser, llamado a hermosas aventuras de realización.
Vio a un publicano, dedicado a su negocio de recaudar, extorsionando. Estaba sentado, seguro en su negocio, satisfecho de su labor, enriquecido a costa del pobre.
Jesús observa la verdad de aquel corazón confundido e inquieto. No el poder ni el dinero le han proporcionado la felicidad deseada. Busca más, desea algo mejor para su espíritu.
Por ello, las palabras de Jesús marcan su vida definitivamente: ¡SIGUEME!
Habiendo seguido la ruta del dinero, se sentía pobre. Habiendo caminado por la ruta del poder, se sentía esclavo. Habiendo extorsionado a los más débiles, se sentía insatisfecho.
No sólo se siente observado, mirado, tocado por Jesús. También él sabe ver: la paz del nazareno, sus palabras de fuego, su corazón amoroso, su entrega incondicional a los más pobres y necesitados.
Jesús le ofrece su amistad, su compañía, su mensaje de salvación. Leví le abre su casa, le brinda su corazón, le frece su vida sin condiciones.
Una vez más, podemos disfrutar de la magia de los encuentros en el evangelio. Amor con amor se paga. Generosidad genera generosidad. Luz disipa tinieblas.
Los encuentros con Jesús sanan heridas, devuelven paz y serenidad, generan oleadas de generosidad. Él es médico, medicina y salud, todo a la vez.
P. Gregorio Mateu
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