Del santo Evangelio según Lucas 9,46-50:
Se suscitó una discusión entre ellos
sobre quién de ellos sería el mayor. Conociendo Jesús lo que pensaban en su
corazón, tomó a un niño, le puso a su lado, y les dijo: «El que reciba a este
niño en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, recibe a Aquel que
me ha enviado; pues el más pequeño de entre vosotros, ése es mayor.» Tomando
Juan la palabra, dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu
nombre y tratamos de impedírselo, porque no viene con nosotros.» Pero Jesús le
dijo: «No se lo impidáis, pues el que no está contra vosotros está por
vosotros.»
Reflexión
• El texto se ilumina. Si anteriormente
Lucas nos presentaba cómo se reunían los hombres en torno a Jesús para reconocerlo
por la fe, para escucharlo y presenciar sus curaciones, ahora se abre una nueva
etapa de su itinerario público. La atención a Jesús no monopoliza ya la actitud
de la muchedumbre, sino que Jesús se nos presenta como el que poco a poco es
quitado a los suyos para ir al Padre. Este itinerario supone el viaje a
Jerusalén. Cuando está a punto de emprender este viaje, Jesús les revela el
final que le espera. Después se transfigura ante ellos como para indicar el
punto de partida de su “éxodo” hacia Jerusalén. Pero inmediatamente después de
la experiencia de la luz en el acontecimiento de la transfiguración, Jesús
vuelve a anunciar su pasión dejando a los discípulos en la inseguridad y en la
turbación. Las palabras de Jesús sobre el hecho de su pasión, “el Hijo del
hombre va a ser entregado en manos de los hombres”, encuentran la incomprensión
de los discípulos y un temor silencioso.
• Jesús toma a un niño. El enigma de la entrega de Jesús desencadena una
disputa entre los discípulos sobre a quién le corresponderá el primer puesto.
Sin que sea requerido su parecer, Jesús, que como el mismo Dios lee en el
corazón, interviene con un gesto simbólico. En primer lugar toma a un niño y lo
pone junto a él. Este gesto indica la elección, el privilegio que se recibe en
el momento en que uno pasa a ser cristiano. A fin de que este gesto no
permanezca sin significado, Jesús continúa con una palabra de explicación: no
se enfatiza la “grandeza” del niño, sino la tendencia a la “acogida”. El Señor
considera “grande” al que, como el niño, sabe acoger a Dios y a sus mensajeros.
La salvación presenta dos aspectos: la elección por parte de Dios simbolizada
en el gesto de Jesús acogiendo al niño, y la acogida de Jesús (el Hijo) y de
todo hombre por parte del que lo ha enviado, el Padre. El niño encarna a Jesús,
y los dos juntos, en la pequeñez y en el sufrimiento, realizan la presencia de
Dios (Bovon). Pero estos dos aspectos de la salvación son también indicativos
de la fe: en el don de la elección emerge el elemento pasivo, en el servicio,
el activo; son dos pilares de la existencia cristiana. Acoger a Dios o a Cristo
en la fe tiene como consecuencia acoger totalmente al pequeño por parte del
creyente o de la comunidad. El “ser grandes”, sobre lo cual discutían los
discípulos, no es una realidad del más allá, sino que mira al momento presente
y se expresa en la diaconía del servicio. El amor y la fe vividos realizan dos
funciones: somos acogidos por Cristo (toma al niño), y tenemos el don singular
de recibirlo (“el que acoge al niño, lo acoge a él y al Padre”, v.48). A
continuación sigue un breve diálogo entre Jesús y Juan. Este último discípulo
es contado entre los íntimos de Jesús. Al exorcista, que no forma parte del
círculo de los íntimos de Jesús, se le confía la misma función que a los
discípulos. Es un exorcista que, por una parte, es externo al grupo, pero por
la otra, está dentro porque ha entendido el origen cristológico de la fuerza
divina que lo asiste (“en tu nombre”). La enseñanza de Jesús es evidente: un
grupo cristiano no debe poner obstáculos a la acción misionera de otros grupos.
No existen cristianaos más “grandes” que otros, sino que se es “grande” por el
hecho de ser cada vez más cristiano. Además, la actividad misionera debe estar
al servicio de Dios y no para aumentar la propia notoriedad. Es crucial el
inciso sobre el poder de Jesús: se trata de una alusión a la libertad del
Espíritu Santo cuya presencia en el seno de la Iglesia es segura, pero puede
extenderse más allá de los ministerios constituidos u oficiales.
Para la reflexión personal
• Como creyente, como bautizado, ¿cómo
vives tú el éxito y el sufrimiento?
• ¿Qué tipo de “grandeza” vives al servir a la vida y a las personas? ¿Eres
capaz de transformar la competitividad en cooperación?

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