23 Marzo
Texto
del Evangelio (Jn 8,21-30): En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: “Yo me voy y
vosotros me buscaréis, y moriréis en vuestro pecado. Adonde yo voy, vosotros no
podéis ir». Los judíos se decían: «¿Es que se va a suicidar, pues dice: ‘Adonde
yo voy, vosotros no podéis ir’?». Él les decía: «Vosotros sois de abajo, yo soy
de arriba. Vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Ya os he dicho
que moriréis en vuestros pecados, porque si no creéis que Yo Soy, moriréis en
vuestros pecados». Entonces le decían: «¿Quién eres tú?». Jesús les
respondió: «Desde el principio, lo que os estoy diciendo. Mucho podría hablar
de vosotros y juzgar, pero el que me ha enviado es veraz, y lo que le he oído a
Él es lo que hablo al mundo». No comprendieron que les hablaba del Padre. Les
dijo, pues, Jesús: «Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces
sabréis que Yo Soy, y que no hago nada
por mi propia cuenta; sino que, lo que el Padre me ha enseñado, eso es lo que hablo.
Y el que me ha enviado está conmigo: no me ha dejado solo, porque yo hago
siempre lo que le agrada a Él». Al hablar así, muchos creyeron en Él.
¿Quién
es Jesús? Su amor es incuestionable. Su poder es invencible. Su impacto es
inconfundible. Su significado es innegable. Su misterio es inexplicable. Su
sacrificio es incomparable.
Jesús
es el Mesías, el Pan de vida, el eterno, la luz del mundo, la puerta, el hijo
de Dios, la resurrección y la vida, el Señor y Maestro, el camino, la verdad y
la vida. Se manifiesta como la vid verdadera, el alfa y la omega, el primero y
el último. Es el Cristo esperado, el Hijo de Dios. Es el protector de los
débiles. En realidad, Jesús es a Quien buscas cuando sueñas con la felicidad.
Es
el Hombre más grande de la historia. No tenía sirvientes, y le llamaban Señor,
No tenía grados universitarios y le llamaban Maestro. No ganó ninguna batalla y
conquisto el mundo entero. No cometió ninguna maldad y lo crucificaron. Por
ello, me siento honrado y feliz de seguir al mejor de los mejores.
Cristo
sin ti sigue siendo Dios, pero tú sin Cristo eres muy poca cosa. ¿Dónde has
puesto tu futuro? ¿Dónde están puestos tus sueños? ¿A quién has dejado tus
cargas? ¿Dónde has dejado tus tristezas? ¿Dónde guardas tus amarguras? Si todo
lo tuyo lo has puesto en las manos de Jesús, ten la seguridad y la certeza de
que todo se resolverá, todo saldrá bien, si sabes esperar el momento oportuno.
La
misión del cristiano no es condenar a nadie, sino amar y orar por las personas,
para que Dios ocupe sus vidas y cambie su corazón. Procura ser lo que Cristo
quiere que seas, y poco a poco dejarás de ser lo que eras antes.
La
fe mueve montañas. El amor mueve fronteras. La pasión mueve voluntades. Tu
oración mueve el corazón de Dios, saturado de amor, bondad y misericordia.
(G.M.E.)

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