Viernes 25 de Septiembre 2020
Semana 25 T. O.
Un hombre sin engaño.
Evangelio según San Juan 1, 47-51.
En aquel tiempo, vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño». Natanael le contesta: «¿De qué me conoces?». Jesús le responde: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi». Natanael respondió: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel». Jesús le contestó: «¿Por haber dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores». Y le añadió: «Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».
INVITADOS A REFLEXIONAR
El acierto de los juicios de Jesús se centra en que están basados en la verdad profunda del corazón y no en las apariencias. Vio a Natanael debajo de una higuera, observó su mirada, adivinó su talante y no tuvo reparos en alabar su bondad. Antes, había soltado una serie de improperios, sumamente duros, contra la farsa de los escribas y fariseos: “Raza de víboras”, “sepulcros blanqueados”... ¡Qué contraste!
A Dios no le pasa por alto la verdad del corazón. Sabe de nuestras intenciones y conoce a la perfección nuestras actitudes. A Dios nadie le puede engañar. La verdad de nuestras vidas sólo Dios la conoce y, de acuerdo a ella, nos va a juzgar.
Los ángeles son mensajeros de Dios que guían a los seres humanos para que abran los ojos del alma para detectar qué quiere Dios de cada uno de ellos. Me gusta pensar en los “ángeles” revestidos de forma humana, que se han acercado a mi vida para orientar mis pasos por el camino del bien.
Fue un “ángel” la madre de mis días que me mostró el rostro de Dios.
Fue un “ángel” el padre que dio luz a mi vocación humana y cristiana.
Fueron “ángeles” los hermanos que Dios puso en mi camino.
Fueron “ángeles” algunos maestros que me mostraron los secretos del saber.
Fueron “ángeles” los sacerdotes que me administraron los sacramentos.
Fueron “ángeles” los amigos que acompañaron mi soledad.
Fueron “ángeles” las religiosas que acunaron mi infancia espiritual.
Fueron “ángeles” los hombres y mujeres que me dieron una mano.
Son “ángeles” todos los que gratuitamente me brindan su amor.
Son “ángeles” los que me acompañan en el camino hacia Dios.
No somos seres solitarios, sino hermanos solidarios. Y todos, de alguna manera, necesitamos la ayuda de los demás. Vivir es una aventura apasionante, sobre todo si la compartimos con seres humanos tocados por la magia de la bondad.
Pasan los años y me doy cuenta que el don más grande que tengo, es poder ofrecer mi alegría de vivir, mi paz interior, mi silencio, mi sonrisa, mi ayuda, mi presencia amistosa... Todos los que me rodean, forman parte de mi vida y a todos ellos les puedo brindar amistad, confianza, amor.
Decir de una persona que “tiene ángel” significa tomar conciencia de que hay algo muy hermoso en su interior que la permite iluminar la vida de todos los que la rodean. Necesita nuestro mundo un ejército de ángeles protectores que iluminen las mentes y los corazones con oleadas de bondad y alegría para que la vida sea, cada vez más, una hermosa experiencia de felicidad. (P. Gregorio Mateu
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